En este día de Pascua, en este día de alegría sin fin por el triunfo de la VIDA sobre la Muerte, me apetece poner por escrito algunos sentimientos-reflexiones-… que llevan revoloteando esta última temporada por la cabeza.
Hay un dicho popular que solemos traer muchas veces a la boca, al menos por mi parte: “somos animales de costumbres”. Lo solemos “revestir” de alguna coletilla tipo “…algunos más que otros”, pero me parece un dicho que, como todos los dichos populares, conviene valorar.
Estas últimas semanas están siendo un ejemplo evidente de que “la sabiduría popular”, una vez más, está cargada de razón. ¿Quién se había imaginado un escenario como el que tenemos y al que “nos vamos acostumbrando”? Confinados, aislados, colas para comprar el pan, distancia de las personas, el silencio de nuestras calles, sin abrazos, sin niños en las calles, sin comercios, sin bares ni terrazas en las que tomar un café, sin celebraciones en la Iglesia, sin visitas ni despedidas de los seres queridos, sin…, hasta sin futbol. Y, aunque el cambio es enorme,… parece que nos vamos acostumbrando.
La pregunta no es nueva ni ha surgido al soportar la pandemia del Covid-19 pero sí que la ha reforzado: ¿cómo es posible que nuestra sociedad se haya acostumbrado a vivir sin Dios, sin Jesús? Pues es verdad. Nos hemos acostumbrado. Como sociedad nos hemos acostumbrado. No digo “contra” sino “sin”.
No es el momento de hacer una análisis sociológico, teológico,… de esta “costumbre adquirida”, ni tampoco de encontrar causas, y menos culpables, ni de… porque hoy es Pascua y es día de mirar adelante y de preguntarnos si merece la pena hacer el esfuerzo de acostumbrarnos a vivir “con” y “desde” Jesús, “con” y “desde” Dios.
Nuestra sociedad más inmediata se ha acostumbrado a cosas que parecen tan inverosímiles… que hemos dejado a Dios, a Jesús, a lo trascendente, a la interioridad, a… que le hemos dejado un espacio casi nulo. Es evidente que hemos optado, queriendo o sin querer, por la economía, por el “dios-dinero”, como el eje sobre el que pivote nuestra sociedad y nuestro ser personas. Por desgracia, digo yo, nos hemos acostumbrado a eso.
Pero, después de lo que estamos viviendo en nuestros pueblos y en el mundo entero… ¿podremos acostumbrarnos a vivir con Jesús Resucitado? ¿Podremos acostumbrarnos a vivir desde el Amor, el Servicio y la Humildad, tal y como recordamos el Jueves Santo? ¿Será posible que nos acostumbremos a destruir todo lo que suponga muerte para quienes nos rodean y para toda la Humanidad? ¿Veis posible acostumbrarnos a no mirar la vida desde la inmediatez de los resultados financieros sino como una bella historia de Amor y Salvación entre Dios y la Humanidad?
¿Será posible que nos acostumbremos a sentir a los vecinos, amigos o no, como verdaderos hermanos? ¿Veis posible acostumbrarnos a dedicar más espacio a escuchar la Palabra de Dios que la palabrería televisiva de los programas del cuchicheo,? ¿Lo veis posible?
¿Podremos acostumbrarnos a juntarnos de vez en cuando con otros vecinos y celebrar y compartir nuestras luchas y nuestros logros, nuestras dudas y certezas, nuestras ganas de conocer lo que Dios espera de cada uno de nosotros y de nuestras Comunidades?
Yo creo que podemos, y debemos, “acostumbrarnos” y estoy seguro que nos irá mejor. ¡Para algo bueno nos tiene que servir esta experiencia que estamos viviendo! Nadie nos lo tiene que contar. ¡Lo estamos viviendo en directo!
¡FELICES PASCUAS!!












