En un mundo en el que todo se mide por el tamaño de las cosas, por la repercusión social, por el número de asistentes, por metros o kilómetros, por... Creo que de vez en cuando conviene dejar un hueco para mirar lo pequeño, lo que nadie parece valorar, lo que "no se lleva".
Como siempre, la naturaleza es una gran maestra que nos ayuda a no despistarnos en nuestro caminar. Nunca falla.
Es cierto que hay una corriente en nuestros días que fija sus intereses en recorrer y, por supuesto, enseñar en las redes sociales, los grandes lugares de la naturaleza por los que reciben muchos "likes" y eso parece que les hace felices, y por supuesto, les da réditos financieros.
Mi invitación es a mirar lo pequeño, lo que no es necesario enseñar, lo que la naturaleza nos muestra en la pequeñez. Lo que nos regala cuando nos acercamos con ojos abiertos, teniendo sumo cuidado de no arrasar con nuestras pisadas lo que la evolución de tantos siglos ahora "inventando" y ahora nosotros podemos disfrutar.
Estas semanas son jornadas de masas enfervorizadas siguiendo lo que sucede en los "modernos coliseos"... pero hay otros pastos que tienen un regalo para nosotros. Os invito a descubrirlos y dedicarles un poco de nuestra atención.


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